Monseñor Rolando Alvarez en homilía de “Domingo de Ramos”

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Durante la homilía en la celebración Eucarística del “Domingo de Ramos”, el 25 de marzo, monseñor Rolando Alvarez, reflexionó sobre tres gritos: El de aquellos que proclaman a Cristo como rey diciendo “Bendito el que viene en nombre del Señor”, el otro es el grito “crucifícale, crucifícale”, y el grito de la gloria de Dios, que se encuentran en la liturgia del día, donde en primer lugar al bendecir las palmas se proclama el Evangelio que relata la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y seguidamente en el templo el Evangelio de la pasión.

Acompañado por la multitud y sacerdotes que participaron primero en la procesión y luego en la Misa, el Prelado dijo que en el primer grito – de los que proclaman a Cristo como rey – se encuentran aquellos que con sus propias túnica alfombran la entrada a Jerusalén y dicen: “Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor”.

“En este grito seguramente también participaban los que acusaban a aquella mujer sorprendida en pecado a quien querían apedrear, y Cristo no la condena, más bien le dice: ‘Vete en paz y no vuelvas a pecar’, pues a él le interesa el bienestar humano. En este grito estaba la gente como la Samaritana o la hemorroísa que sólo querían tocar el fleco de su manto, personas como la mujer que atrevidamente y sin protocolo entra a la casa de Simón el Fariseo para enjugar los pies del Señor y secarlos con su propia cabellera, es más lo perfumaba prefigurando la muerte del Señor; seguramente estaban entre esa multitud gente como el ciego de Jericó, el paralítico de la piscina de Betsaida y tantos hombres y mujeres que se habían encontrado con Cristo”, indicó.

Hablando sobre los que gritan: “Crucifícale, crucifícale”, expresó que ese es el clamor de los manipuladores, de los que están dispuestos como Judas a traicionar y vender al Señor por treinta monedas de plata, de los que no se deciden a seguir a Cristo, es el grito de los que van a medias tintas por el camino de la vida, que esperan que los escribas y fariseos les digan lo que deben hacer, grito de los inconcientes que nos le preocupa la sangre del justo, grito de los sicarios que nos les importa si hay que matar a alguien sin importar quien sea.

“Es el grito de los que únicamente les importa el dinero, de los que van por el mundo como veleros sin vela, de los que atropellan a todo el que se le pone en frente y ni se cuestionan su conciencia, de aquellos que no les importa el medio con tal de lograr el fin, de los que viven por vivir sin pensar en la muerte, en que un día tienen que entregarle su vida al Señor. Este grito de ‘Crucifícale, crucifícale’, duele en el alma”, señaló monseñor Alvarez.

Refiriéndose al grito de la gloria de Dios, indicó que se manifiesta en la Cruz, “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”, (San Juan 3, 16), y se manifiesta en la debilidad porque “Te basta mi gracia, mi fuerza actúa mejor donde hay debilidad”, (2da de Corintios 12, 9).

“Este también es el grito del amor de Dios, porque como dice san Juan en su 1era carta capítulo 4 versículo 16: ‘Dios es amor’. En ese amor cabemos todos, los caínes, los abeles, paralíticos, prostitutas, las mujeres que para el mundo tienen mala fama, los que viven sin brújula, los que nos les importa la sangre con tal de conseguir algo, en este amor alcanzamos todos sin excepción, como un sólo pueblo porque uno sólo es el pastor”.

“El mayor grito de esta semana santa, es el grito de la gloria de Dios, del amor de Cristo por nosotros para que como San Pablo podamos decir: Me amó y se entregó por mí”, concluyó monseñor Rolando José.

FUENTE: FACEBOOK DIOCESIS DE MATAGALPA

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