“El sacramento del Matrimonio es la santificación que Dios realiza entre el hombre y la mujer”, explicó monseñor Rolando Alvarez a los fieles que participaron en la Eucaristía celebrada en la comunidad “El Ocote”, perteneciente a la parroquia Inmaculada Concepción en Sébaco en donde realizó visita pastoral, el 24 de febrero.

El Prelado añadió que una pareja que viven juntos pero sin este sacramento les hace falta la santidad de Dios en su relación. “Hermanos, el sacramento del matrimonio tiene tres aspectos constitutivos: Unidad, indisolubilidad y fecundidad. Aunque sean personas diferentes llegan a ser una sola carne, en otras palabras el hombre no puede estar sin la mujer y viceversa. Está unidad nadie la puede dividir, y al estar juntos deben llegar al diálogo permanente conversando día y noche de todo lo que acontece, por eso no pueden pasar un día sin dialogar porque ambos son responsables de mantener la unidad”.

Al mencionar el segundo aspecto dijo que en la Iglesia no existe el divorcio, “este sacramento no se puede disolver, y lamentablemente hay gente que al darse cuenta que es indisoluble no quieren casarse, por eso debemos educarnos en el amor, de ahí la importancia de que los novios estén claros del amor. Un muchacho que no esté seguro de amar a la otra persona no puede dar el paso del matrimonio porque seguramente fracasarán”.

El fundamento de este sacramento es el amor cristiano que lleva a ser feliz cuando el otro está feliz. Muchas veces se cae en el error de querer buscar la propia felicidad, satisfacción y placer, olvidando que el verdadero amor es casarse con el otro para hacerlo feliz y que viva la alegría del amor. “La felicidad solo se encuentra en la felicidad del amado”.

En este punto indicó que ante esto muchos pensarán que es mejor no casarse y robarse a la muchacha para probar. “Les pregunto, ¿tú eres para prueba?. Muchachas ustedes no están para pruebas, no salgan por la puerta de atrás de sus hogares, ustedes no están para que den pruebas de amor, ustedes están para salir con la frente en alto; la mujer no se puede arriesgar a actuar indecorosamente”.

Varones: deben actuar como verdaderos hombres capaces de sacrificarse para hacer feliz a una sola mujer.

Al referirse a la fecundidad, señaló que marido y mujer se casan para ser uno, indisoluble y abiertos a la vida en maternidad y paternidad responsable educando de manera correcta a los hijos.

Finalmente a los que viven en situaciones irregulares les llamó a participar en la Iglesia e ir a las comunidades aunque no puedan comulgar sacramentalmente. A los que nunca han sido casados y viven con su pareja les motivó a contraer matrimonio, y “así formar familias educadoras en la fe”.

Por: Manuel Antonio Obando Cortedano

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