Obispo Silvo Báez: “Importante redemocratizar Nicaragua”

Para monseñor Silvio José Báez Ortega, obispo auxiliar y vicario general de la Arquidiócesis de Managua, es urgente la separación de poderes del Estado de Nicaragua, así como evitar que estos se concentren en una sola persona. “Es importante redemocratizar Nicaragua una vez más”, dijo.

Báez brindó una entrevista a LA PRENSA el Sábado de Gloria, luego de un oficio religioso en el municipio de Masatepe, departamento de Masaya. El obispo conmemoró la Semana Santa rodeado de fieles católicos que demostraron su amor a Dios.

En un informe, la fundación alemana Bertelsmann explicó el 24 de marzo pasado que el control que ejerce el FSLN en todos los poderes del Estado y la falta de competencia electoral se encuentran entre las razones por las cuales el país ya no puede ser clasificado como democrático.

 

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Varios temas confluyen en esta conversación con el obispo carmelita, originario de Masaya, ordenado sacerdote en 1985. En esta entrevista aborda la situación del país y las posibles sanciones que enfrentaría Nicaragua de parte de Estados Unidos si no hay reformas institucionales.

Pero además reitera el llamado no escuchado de los obispos de parte del poder y ahonda en el ejemplo del obispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo en 1980, por decir la verdad.

La fundación Bertelsmann coloca a Nicaragua en franco retroceso hacia la autocracia, cuya situación mantiene preocupados a diferentes sectores del país por el rumbo que esto conlleva. ¿Cuál es su percepción al respecto?

Independientemente de las opiniones que puedan venir del exterior o las encuestas que se hagan, la Iglesia católica a través de la Conferencia Episcopal desde hace varios años está repitiendo constantemente que es urgente en Nicaragua encauzar al país de nuevo a una institucionalidad democrática. La Iglesia considera que la democracia es el sistema político que permite, con más facilidad, organizar una convivencia justa y pacífica, respetuosa de los derechos humanos y capaz de propiciar el progreso del país en modo sostenible.

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Los obispos desde hace varios años hemos estado diciendo que urge en Nicaragua volver a la separación de los poderes (del Estado), es importante que en una sociedad haya un contrapeso de poderes, un control recíproco de autoridad. No le hace bien al país la concentración de poderes en una persona o en un grupo determinado.

La división de poderes en una sociedad es sana, para no volver a lo que tanto ha sufrido el país, de situaciones totalitarias en donde se impone la voluntad de unos pocos sobre el resto, además porque en una democracia es importante el hecho de que las minorías cuentan, (porque) no solo se impone de modo avasallador lo que decide o quiere llevar adelante una mayoría que gobierna, sino que las minorías también son escuchadas, son respetadas y en el diálogo se encuentran salidas.

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Otra cosa que la Iglesia católica viene recordando desde hace muchos años con urgencia es la realización de elecciones libres y transparentes, donde el pueblo pueda expresar su voluntad para elegir a sus autoridades. Es importante redemocratizar Nicaragua, una vez más.

En ese sentido sobre la falta de institucionalidad, ¿cuáles son las consecuencias que trae para la gente pobre en Nicaragua?

Cuando en una sociedad quien toma las decisiones es una persona o un grupo, y cuando sus deseos o sus intereses se vuelven ley, necesariamente hay una gran mayoría que queda excluida y desatendida. Entonces en un país en donde se respeta la institucionalidad es mucho más fácil que todas las voces puedan ser escuchadas, que todos los sectores de la sociedad puedan manifestarse y que a los diferentes estratos sociales se les responda a sus necesidades.

Parece mentira (pero) la democracia tiene que ver con el desarrollo económico de un país y con la atención social a los sectores más desprotegidos. Cuando en una sociedad se concentra el poder, inevitablemente nace la exclusión.

¿Y sus consecuencias también? Como las posibles sanciones de los Estados Unidos hacia Nicaragua por la falta de institucionalidad…

Yo no soy partidario de las intervenciones extranjeras, no creo realmente en injerencias de ningún tipo de parte de otros países sobre Nicaragua, yo creo que lo importante es que el pueblo de Nicaragua tome conciencia de que es hora de agarrar en las manos el destino de la sociedad, independientemente de lo que ocurra en el exterior.

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Los cambios verdaderos tienen que darse acá. Los responsables de (las) sanciones que podamos sufrir, lamentablemente desde el extranjero, están acá. Los que tienen el poder en la mano, los que deciden sobre la sociedad, son los que tienen que buscar las soluciones.

Entonces, ¿no hay necesidad de cabildear en el extranjero o en el Congreso de Estados Unidos, sino que hay que cabildear con la gente de aquí?

La solución es empeñarnos todos en construir un nuevo tejido de relaciones en donde prevalezca la Constitución y la Ley, en donde la justicia social se imponga como un valor primario, en donde la preocupación por el desarrollo integral de las personas más desfavorecidas (en los temas de) salud, educación, trabajo, vivienda, se vuelvan prioridad. La solución está aquí y no hay que esperar que de afuera nos vengan sanciones, ni recetas.

Este 24 de marzo se cumplieron 38 años del asesinato de monseñor Óscar Romero, quien murió por decir la verdad. Usted ha sido muy crítico sobre las situaciones que realmente preocupan a Nicaragua, ¿no teme usted por su integridad física?

No. Realmente mi fe en Jesucristo ahuyenta de mi corazón todo temor, sobre todo porque yo no actúo en contra de nadie, no tengo intereses personales que defender, ni me siento amenazado, ni atacado por nadie.

Los pastores de la Iglesia estamos para servir desde nuestra fe en Cristo a la construcción de relaciones nuevas, en donde los valores humanos más nobles y auténticos estén en la base de la sociedad, esto es parte del trabajo pastoral de la Iglesia y en modo particular de los obispos.

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Monseñor Romero es precisamente un signo de cómo la experiencia de Dios va unida con la denuncia de lo injusto y de lo inhumano, y el anuncio de la buena nueva y la cercanía hacia los más pobres y a los que sufren. Y esto no es hacer política en sentido partidario.

¿Cuál es su compromiso?

Trato de ser coherente en mi propia vida, vivir lo que creo y lo que anuncio. Intento, no logro del todo, no lo logro siempre, pero mi primer deseo es ser coherente con el Evangelio en el que creo y con Jesucristo a quien sirvo. Mi labor es estrictamente pastoral. No tengo intereses con ningún grupo. No defiendo ninguna ideología, ni me siento en contra de nadie en particular. Simplemente me siento un humilde servidor del reino de Dios y del Evangelio, y deseo de todo corazón estar al lado de mi pueblo, sobre todo de las personas más humildes, más desfavorecidas en este pueblo, intentando seguir las huellas de Jesús.

¿Cómo sueña a Nicaragua?

Este pueblo merece un futuro de mayor justicia social. Es un país con suficientes riquezas humanas y naturales como para poder desarrollarse. Imagino una sociedad en la que no nos veamos uno frente a otro como rivales, sino que nos veamos como hermanos y hermanas, amigos y amigas que queremos construir un país y una sociedad en la que todos se sientan tomados en cuenta, en la que nadie tema decir y opinar su voluntad, y en la que todos nos sintamos corresponsables para poder construir en la justicia y en la paz un país de todos y para todos.

Autoridad en la Iglesia

Según la biografía de monseñor Silvio Báez, publicada en la página de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, el obispo ocupó el cargo de vicepresidente de la Pontificia Facultad de Teología de los Padres Carmelitas en Roma, el Teresianum. Fue profesor de Sagrada Escritura y de Teología, y de Espiritualidad Bíblica. Además es coordinador de la traducción del Antiguo Testamento, de la nueva versión de la Biblia para América Latina de ediciones paulinas.

“La división de poderes en una sociedad es sana, para no volver a lo que tanto ha sufrido el país, de situaciones totalitarias en donde se impone la voluntad de unos pocos sobre el resto”.
Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua.

FUENTE: LA PRENSA

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