Según Mons. Álvarez ¿Qué gracia especial debemos pedir a Jesús de la Divina Misericordia?

INICIO LOCALES NOTICIAS

“Pedir a Jesús con sincero corazón, recta intención, sencillez y humildad la gracia de ir penetrando poco a poco en su misterio redentor por nosotros, para entrar en su mar de misericordia, experimentando cuanto amor Dios me tiene; además de implorar la gracia de ser misericordiosos con los demás”, fueron las ideas principales de la homilía que dirigió monseñor Rolando Alvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, durante la Eucaristía solemne en la parroquia Divina Misericordia-Sébaco, ante la presencia de cientos de fieles que participaron en la “ruta de la Divina Misericordia” el 8 de abril.

“Supliquemos al Señor que nos conceda con corazón sincero, conocer y experimentar su acto redentor por nosotros, pues la manifestación plena de la gloria de Dios es la Cruz porque en ella descubrimos el eterno amor que Dios nos ha tenido, (Cf. Juan 3, 16), pero la manifestación plena de la Misericordia de Dios, que según san Juan Pablo ll es el aspecto más tierno y cariñoso de su amor por nosotros se encuentra en la redención o el acto redentor de Cristo, es decir en todo el misterio de la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección del Señor, ´porque el verbo se hizo carne para habitar entre nosotros y salvarnos´, en ese acto redentor de Cristo es donde encontramos la manifestación plena de su misericordia”, explicó.

A la vez aseguró que si se pide esa gracia con “recta intención” el Señor la concederá infaliblemente, “es más, me atrevo a decir que estas son de las gracias que la madre, Medalla Milagrosa, dijo: ´Hay miles de gracia que ustedes no le suplican a mi hijo ni a mí, y esta es una de esas gracias´, por eso digamos: Señor, tu sabes que con un corazón sincero, sin la intención enorgullecerme, quiero conocer profundamente más tu acto redentor por mí, el significado de la redención que realizaste por mí, Señor quiero conocer más tu corazón para entrar y penetrar en él”, recitó el Prelado; agregando a la vez que quiere Jesús, quiere la Virgen María que supliquemos eso, que también significa entrar en un misterio que no se borra, que no se elimina, al punto que ni el enemigo puede arrebatarlo.

“Estas son las gracias que el maligno aún en la oración quiere escondernos, él nos entorpece y puede entorpecer la mente y corazón para no llegar a semejante suplica, para no llegar a semejante gracia, porque quien comienza a conocer la anchura, profundidad, longitud del acto redentor de Cristo por nosotros comienza a conocer la insondable misericordia de Dios por nosotros, la misericordia del Señor que está siempre atenta a nosotros, de Dios quien se inclina ante el pecador; y ¿saben por qué hace eso Dios? Obviamente no por el pecado sino por él, por ella, por nosotros, pues a quien más necesita de la misericordia divina, ante quien más está en el pecado, Dios se inclina para sacarlo del abismo de la iniquidad y colocarlo en la gloria del Padre”, exclamó.

Monseñor Alvarez, recordó que cuando se siente vergüenza del pecado, Dios ya está actuando como sucedió con el “hijo prodigo” quien primero sintió vergüenza, decide regresar donde su Padre y él lo recibe abrazándolo, haciéndole una gran fiesta, “eso es lo que sucede con nosotros cuando volvemos hacia el Padre, es el inclinarse de Dios hacia nosotros, aunque cometamos el pecado más grave Dios se abaja y no lo hace por el siervo, sino porque el pecador es su hijo, siempre hermanos seremos hijos del Padre”. En este punto recordó que el pecado tiene tanta fuerza de destrucción al punto de querer quitarnos el sentido de filiación que tenemos con el Padre, pero con Dios no puede, el pecado no tiene el poder de quitarle su paternidad, “siempre la primera persona de la santísima Trinidad nos tratará como sus hijos”.

Aquí expresó que la Misericordia es la manifestación de la obra redentora de Jesús con nosotros, por eso sus hijos deben ser misericordiosos con los demás. “Si Dios ha hecho tanto por nosotros, al tratarnos con delicadeza como el buen Pastor que toma a sus ovejas con cariño y con amor, así estamos llamados a ser también con todos. Pidamos al Señor: Dame entrañas de misericordia como las tuyas, Señor hazme semejante a ti en la misericordia, hazme misericordioso como tú lo eres conmigo, misericordioso con los hermanos”, concluyó.

Por: Manuel Antonio Obando Cortedano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.