Conanca: Lucha por la vida

A lieska tiene un año y medio, pero no es como otros niños de su edad que corren y juegan alegremente. No. Ella luce triste y camina despacio. También está algo pálida y en su cabecita solo hay algunos mechones de cabello dispersos, una de las huellas que le ha ido dejando la quimioterapia que recibe para combatir un tumor en su ojo izquierdo que ya está muy afectado por el cáncer, razón por la cual pronto tendrá que ser extirpado.

 

Elba, mamá de Alieska, también se ve decaída. Tiene 22 años, pero aparenta 15. En junio salió con la niña de San Carlos, Río San Juan, donde ambas vivían pues del centro de salud la remitieron al Centro Nacional de Oftalmología (Cenao) y de ahí al Hospital Infantil Manuel de Jesús Rivera “La Mascota”.

 

Al igual que Elba y Alieska hay otros 35 niños que permanecen con sus padres, todos oriundos de zonas alejadas de Managua como Wiwilí, nueva Segovia y la Isla de Ometepe, en el albergue de Hemato Oncología de “La Mascota” mientras reciben su tratamiento, incluidos los ciclos de quimioterapia que destruyen las células cancerosas, pero a la vez van dejando peloncitos a los niños como Alieska y como el que se ve en el logo de la Comisión Nicaragüense de Ayuda al Niño con Cáncer, (Conanca).

 

“Nuestra visión y misión es la quimioterapia que es un medicamento que tiene un altísimo costo, se aplica por ciclos de un mes, una semana, dependiendo de qué tan avanzada esté la enfermedad, hay quimioterapias desde diez dólares hasta 82.50 dólares de costo, además apoyamos con antibióticos diferenciados, con exámenes de laboratorio que se hacen fuera el hospital (La Mascota), con reactivos para el mismo laboratorio del hospital”, explica Amalia Frech, presidenta de Conanca.

 

EN 2014 PODRÍAN SER 300 NUEVOS CASOS DE NIÑOS CON CÁNCER

 

El doctor Fulgencio Báez es jefe del departamento de Hemato Oncología del Hospital “La Mascota” y vicepresidente de Conanca, cuenta que en 1990, cuando la organización empezó solo eran dos médicos, pero que ese número ha aumentado hasta llegar a 45 personas: nueve médicos hemato oncólogos, dos cirujanos oncólogos, una infectóloga pediatra, enfermeras, una psicóloga y una trabajadora social.

 

El doctor Báez dice no saber a cuántos niños con cáncer ha tratado, pero sí comenta que “solo el año pasado diagnosticamos 279 niños, fueron 70 casos más que los que veníamos diagnosticando en los últimos tres años y este año creo que vamos a llegar a los 300 casos”.

 

Báez confiesa que él y los miembros de su equipo ya han llorado ante la muerte de un niño porque “con los pacientitos no podés ser insensible frente al dolor, cuando nos comunicamos con un padre de familia y le decimos el diagnóstico y más aún convencer a un padre para que nos autorice a quitarle un ojo a un niño porque tiene un tumor y ya perdió la visión, son momentos bien difíciles, a eso no se acostumbra uno, siempre te golpea, pero lo que nos compensa es que vos creés que los podés curar y ese es el reto, frente al diagnóstico, uno dice: lo puedo curar y no solo curarlo sino que mientras esté con nosotros no sufra, o sufra lo menos posible”.

 

Y esa también es la esperanza para la pequeña Alieska que espera su operación: que se cure y que sufra lo menos posible.

 

PATRICIA Y EL AMOR A LA VIDA

 

Según el doctor Fulgencio Báez, “el cáncer en el niño se cura, yo te puedo reafirmar categóricamente que el cáncer en el niño se cura y el que se cura se convierte en una persona absolutamente normal y no solo eso, el que pasó esa etapa y se curó, se convierte en un ser humano mejor porque después de pasar el estrés de casi morir por una enfermedad tan dramática se ha visto que los niños son mejores, aprecian más la vida”.

 

Un claro ejemplo de eso es Patricia Villavicencio Delgado, de 36 años. A Patricia le amputaron la pierna derecha el 11 de noviembre de 1992, cuando tenía 14 años, por causa de un osteosarcoma, es decir, cáncer en los huesos, “es tu vida o es una pierna”, comenta.

 

Patricia cuenta que pasó tres Navidades y tres Año Nuevo en el hospital mientras continuaba su tratamiento, que rechazó la prótesis que le gestionó Conanca, porque sentía que “no era parte de ella”, pero que siguió adelante con muletas. También afirma con orgullo que es madre soltera de cuatro hijos de 17, 16, 10 y 8 años y que trabaja como cocinera en un comedor de su natal Granada para sacar adelante a sus niños.

 

Villavicencio irradia alegría, sonríe con facilidad y dice que nació amando la vida. Llegó hasta tercer año de secundaria y dice que su verdadero diploma es “el diploma de la vida de y de la lucha”. A pesar de la responsabilidad con sus hijos y su trabajo, aceptó “sin dudarlo un segundo” organizar el telehablatón de Conanca en Granada para el que varios hoteles, empresas privadas e incluso la Alcaldía de la ciudad están apoyando, la actividad principal se realizará en el parque central de la ciudad colonial.

 

“Contamos con un equipo de noventa personas, la oficina en la que se va a hacer la contabilización del dinero tiene puertas de vidrio y eso me gusta porque todo el que quiera ver va a poder ver y va a estar un jurista, un compañero de la Cruz Roja, otro de los Bomberos, otro de la Alcaldía porque para mí es muy importante que la gente vea que lo que ellos aportaron y dieron con mucho amor es para una buena causa”.

 Fuente: http://www.laprensa.com.ni/2014/09/02/reportajes-especiales/210216-lucha-vida

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